El reto de acabar ya con las oposiciones docentes

Análisis

Hacia un nuevo marco en el acceso a la carrera profesional en Educación

El reto de acabar ya con las oposiciones docentes

Eduardo García 17.02.2018 | 04:35

El reto de acabar ya con las oposiciones docentes

El reto de acabar ya con las oposiciones docentes

Hay 160.000 estudiantes de las facultades de ciencias de la educación en España. Son los futuros maestros de Infantil y Primaria, y los profesores de Secundaria. De ellos, más que de los políticos, depende el futuro de un país.

Sanidad y educación, los pilares fundamentales de toda sociedad en progreso. Estudian hoy en las facultades de Medicina en España unos 7.000 alumnos, y puede que el sistema no absorba a tanto doctor. ¿Qué hacer entonces con ese ejército de futuros docentes, que tampoco podrá absorber el sistema educativo? ¿Cuántos van a poder dedicarse a la profesión que han elegido? ¿Y qué grado de dificultad van a encontrar para una estabilización laboral? La realidad educativa asturiana nos habla de miles de interinos, algunos de ellos condenados a esa interinidad de por vida. Al menos hasta ahora.

El Ministerio de Educación parece por fin tomarse en serio la necesidad de un cambio radical en el sistema de acceso a los estudios educativos y a la profesión misma. El decano de la Facultad de Formación del Profesorado de la Universidad de Oviedo, Juan Carlos San Pedro, parte de una base coincidente con la inmensa mayoría del sector: “La actual prueba de acceso, el concurso oposición, se ha demostrado que es un absoluto fracaso”.

Una oposición teórica hasta lo absurdo, disuasoria y con contenidos de evaluación que tienen poco que ver con las competencias que los futuros maestros y profesores van a desarrollar. Y que además -apunta el decano- se celebran “cuando la gente está literalmente agotada”, recién terminado el curso escolar. Una prueba que depende de una bolita y de la suerte, sin olvidar los condicionantes que supone el ingente número de candidatos.

Las oposiciones, tal y como hoy están concebidas, no sirven; hay que buscar alternativas. Y los estudios de Medicina marcan la pauta a seguir. En Medicina las exigencias académicas de acceso son muy altas. Se diría que casi groseramente altas, por encima de los doce puntos de media entre nota de Bachillerato y examen de la EBAU. Las altísimas notas de corte las marca el número de plazas de matrícula que debe ser consecuencia, a su vez, de las necesidades asistenciales a corto plazo.

El MIR educativo, que se presenta bajo las siglas APD (Acceso a la Profesión Docente) sería solo una parte más del nuevo sistema, que pasaría por reducir drásticamente el número de matrículas. En Finlandia la nota de corte para el acceso a los estudios educativos ronda el 10, pero Finlandia no es ningún espejo aunque en España hayamos sublimado su modelo de enseñanza. Finlandia tiene 5,5 millones de habitantes, lo que Madrid y su área metropolitana. Por cada profe que se necesita en Finlandia se requieren ocho en España. Y si nuestro sistema educativo exigiera un 10, en pocos años y al ritmo de jubilaciones actual, nos queríamos sin maestros en las clases.

Los decanos de Ciencias de la Educación plantean las reglas: menos alumnos, más prácticas, un sistema nacional de acceso (complicadísimo en este reino de taifas) en el que prime no solo el expediente académico sino el recorrido vital de cada aspirante, dos años de práctica en contexto real, es decir, en el aula y tras la finalización del grado; la creación de una red de centros de referencia para esas prácticas, con seguimiento individualizado de cada aspirante a profesor. Y un sistema universalizado que afecte a la red pública y la privada concertada.

“Todos somos conscientes de que las cosas no pueden seguir como hasta ahora”, afirma el asturiano Juan Carlos San Pedro que es presidente de la Conferencia de Decanos en educación en España. Hay vicios de origen. No puede ser que en el país funcionen ochenta facultades en ciencias de la educación, algunas de las cuales con el cartelito de “café para todos”, sin apenas filtros de entrada. La inflación de centros es una carga de profundidad contra el propio sistema y, en general, un flaco favor a los estudiantes.

El MIR educativo o como se quiera llamarlo supondrá un esfuerzo presupuestario inédito, pero ya es hora de priorizar en lo más importante que tenemos entre manos, la educación. Juan Carlos San Pedro se imagina “una clase con dos o tres profesores, trabajando en equipo, aprendiendo unos de otros y atendiendo con mucha mayor eficacia a la diversidad”. Un reto para todos, un beneficio para los alumnos.

El sistema educativo español se sustenta en el trabajo de 695.000 docentes (490.000 en centros públicos, 203.000 en centros privados y privados concertados). En Asturias por cada profesor menor de 30 años hay unos treinta docentes que tienen más de 50. El 65% de los docentes de la región ya han cumplido los 45. El relevo generacional se hace imprescindible pero de lo que se trata es de garantizar el aterrizaje en el sistema de las generaciones docentes más preparadas y más vocacionales de la historia del país. Nada menos.

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